Hace a penas 8 meses que puedo ejercer la profesion de psicóloga.
Encuentro a diario personas que viven situaciones difíciles, muchas
veces dramáticas. Se supone que un psicólogo debe tomar distancia de sus
emociones con el fin de poder estar disponible para acompañar al
paciente en el momento de fragilidad por el que pasa. Hay pacientes con
quienes se desarrolla más empatía que con otros y con frecuencia sus
historias me sacuden, sus preocupaciones me tocan. Escogí esta profesión
con la convicción profunda de que mi motor en la vida es ese. Poder
acompañar a los otros en sus momentos de fragilidad y estando consciente
de que es mi capacidad para entender su sufrimiento la herramienta que
me ayuda a tomar de la mano a quienes atraviesan momentos de profunda
oscuridad.. Algunas veces la evolución positiva me indica que algo de lo
que hicimos con el equipo funcionó bien. En general, cuando veo a un
paciente por primera vez tengo la certeza de que haré mi mejor esfuerzo
por mostrarle el camino hacia sus propias fuerzas y habilidades. Algunas
veces constato que la complejidad de las sitauciones me sobrepasa. Que
lo que haga no será suficiente, pero cada segundo que paso con mis
pacientes es un segundo en el que mi cuerpo, mi mente y mi corazón están
enteramente sintonizados con su malestar.
Ester martes 21 de
julio de 2015, mi paciente de las 9 de la mañana es una mujer de 52 ans
que llegó al hospital por una depresión grave. Dice no tener ganas de
nada, no poder dormir, comer y dice no disfrutar de ninguna de las
actividades que antes le proporcionaban placer. Se dice cansada de
luchar. Hasta aquí, una situación completamente banal en un hospital
psiquiátrico. Solamente los segundos que siguieron me transportaron al lo que esta mujer ha vivido durante 17 años.
Habiendo
adquirido un café, ella comienza a ser frecuentada por uno de sus
clientes a quien ella conoce de tiempo atrás pues habitaban ambos el
mismo pueblo. Unos meses después, ella se instala con quien le hace
soñar una vida que doce meses más tarde se convertiría en un infierno.
Esclavizada, explotada maltratada y violada cotidianamente, ella da a luz
al motor de su vida y quien la impulsa a tener el coraje de denunciar a
su marido quien no contento de su obra, la amenaza y la acosa sin
descanso. Sigue un largo período de lucha para hacerce escuchar por la
justicia con el fin de lograr una medida de protección para ella y su
hijo. La policía no desperdicia ocasión para hacerle sentir que exagera,
que su caso no merece atención y se rehusa a recibir las grabaciones
con amenazas que ella había podido recoger para justificar su denuncia.
Finalement
una noche, mientras que su hijo de 7 años duerme, su marido logra
entrar en su apartamento, le anuncia que la va a matar, la viola, la
golpea y ella buscando salvar su vida, decide saltar desnuda por la ventana.
En los minutos que siguieron fueron suficientes para que su esposo despedazara con sevicia al niño, a tal punto que su columna vertebral es dejada al descubierto.
La
paciente dice que dado el estado en el que el niño queda, no le es
permitido verlo. Es el día de su cumpleaños en que ella recibie el
cajón con los despojos de su hijo.
No hay cómo calificar esta
historia ni el maltrato que sigue. Años de procesos judiciales con
apelaciones repetidas. En los que además del choc sufrido ella se
enteraría de los detalles más escabrosos acerca de la manera en la que el
niño vivió los últimos minutos. Decenas de confrontaciones en las que
ella debió soportar la sonrisa sarcástica de quien destruyó su vida. Las
imágenes que ella no vió, hoy la persiguen en la noche impidieéndole
conciliar el sueño, el miedo de esa muerte inminente la asfixia día a
día. La culpabilidad de no haber saltado por la ventana con su hijo en
brazos la ahoga.
Yo me quedo ahí frente a ella aguantándome las
ganas de vomitar y tragándome unas lágrimas indignas. Es ella quien tiene
que vivir con eso no yo. Haga lo que haga, diga lo que diga, nada podrá
quitarle su dolor, el horror de saber que su hijo vivió lo incecible
antes de haber muerto a manos de su pardre.
No hay palabra que pueda pronunciar el asco, el disgusto, el terror.
Es
un momento en el que sé que no sirvo para nada, más que para estar ahí,
como un muro de lamentos, impávida, inmóbil, y aún así con ganas de
derrumbarme de desesperanza, de tristeza de incomprensión con el
monstruo que podemos llegar a albergar en algún rincón de nuestro ser,
los seres « humanos ».
nómada
un poco de mis synapsis cotidianas...
martes, 21 de julio de 2015
sábado, 29 de septiembre de 2012
La paradoja
Quiero que te vayas
quedándote
en mi vida
quiero que
no me quieras
mas nunca lejos
de tí
quiero que
desaparezcas
de mi lista
de ausencias
no quiero
verte nunca más
fuera de mi
vida.
Entretanto
Mientras te aproximas
este
corazón quiere escaparse,
no
imaginarte en el futuro,
no
acostumbrarse a tu presencia
quiere
verte y no mirarte
ignorarte, hacer
de tí un elemento más de mi paisaje
ignorar
todas las señales que me ofrece la vida
para
hecerme entender que estás ahí,
quisiera súbitamente
que no existieras
mientras la
dicha de saberte cerca me invade.
domingo, 29 de abril de 2012
Destino
Presa de tu silencio,
te miro en la distancia,
mientras bajas los brazos
rindiéndote al mandato de tus miedos
déjàndome en medio del campo de batalla
desconcertada, sola, sin respuestas
huérfana de tu mirada,
me niego a pensarte en otro mundo
las preguntas me laceran
e invento que no existes,
que fuiste un invento del silencio
una historia, un sueño, algún delirio
camino por la senda
donde tu huella se hizo ausente
donde incitaste mis pasos en vano
me detengo al borde del camino
donde dejaste las señas de tu paso
...constato que nuestro mapa no es el mismo.
sábado, 9 de julio de 2011
La revancha
ayer pude ser,
fuente de tu sed,
cobija de tu soledad,
manzana de tu hambre,
y sin embargo fui,
un impulso preso,
condenado a muerte,
incansable lucha doble,
conteniendo el látigo de tu deseo,
ganas petrificadas,
de lealtad y revancha,
cansancio satisfecho de la resistencia,
lamento visceral de haberte rechazado,
encontrando lo posible de mi fuerza,
sinónima, humana, anómala,
hallándome a mi misma,
entre abandono y dominio,
hoy… me aplazo una vez más.
viernes, 4 de febrero de 2011
Carta a un hermano sobre el amor ignorante.
El amor puede ser superficial , profundo y sincero. Ser duradero aún cuando se ignoran infinidad de cosas sobre una persona que nos es querida.
Me dí cuenta que mientras que siempre hiciste parte de mi vida, yo ignoraba gran parte de la tuya. No sé cómo el amor puede durar tanto, como embalsamado en la ignorancia de la historia del otro. Siempre te quise, siempre te he querido, y siempre te querré, pero hoy mi amor por ti es más rico, menos desnutrido de tu historia.
Fue un gran placer pasar la tarde con tu papá. Yo, impertinente, quise saber cosas del pasado que él me relató con gran generosidad. En algún momento sentí que aquel hombre sabio, tal vez el mejor psicoanalista que haya producido este país, estaba allí recostado en el diván, hablando de su historia y yo, sentada a su lado escuchándolo, observándolo, como si fuese un chiste de la vida…
Una vez terminó su relato, me preguntó qué opinaba.
Qué podría opinar yo? Sólo pude decir que ahora entiendo de dónde salió ese hombre que conozco desde que tengo memoria y que transpira amor.
Lo vi bien, pleno, contento, preocupado por ti. Con ganas de tenerte cerca pero feliz de saberte feliz. Espero que la percepción sea correcta. Intuyo que así es.
Pienso que tú siempre estás donde está el amor… y más allá, creo que donde tú estás hay amor. Es tu lugar en el mundo.
Lo abracé y lo besé queriendo ser tú. Espero que lo haya sentido.
Así, te dejo un pedacito de un momento en el que estuviste en permanencia entre nosotros y en los labios de ese hombre que te ama intensamente.
Te abrazo en la distancia.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Una de dos, o de dos una.
La vida me ha hecho apreciar la soledad tanto como la compañía, y sin embargo hay momentos en los que estando acompañada he llegado a sentirme miserablemente sola, sumida en un mar de incomunicación, en un corto circuito social, emocional y afectivo.
Otras veces, (pues como siempre la vida parece divertirse mostrándonos que la realidad se teje de paradojas) estando en una soledad de las más íntimas, me he sentido acompañada, abrazada, conversada, y acariciada por la presencia, los recuerdos y las palabras de aquellos con quienes he compartido momentos de mi vida.
A menudo, cuando visito sin compañía un lugar en el que ya he estado con alguien, ese recuerdo puede hacerse tan presente que casi puedo escuchar la conversación sostenida, sentir los olores y entonces, los sonidos pueden retumbar en mi memoria ensordeciendo todo lo que en el presente pueda estar sucediendo a mi alrededor.
Así, súbitamente, aveces la compañía me es desoladora, árida e infértil, tanto como en otros momentos, la soledad puede perecerme acogedora, cálida y estimulante.
Pero cuando en medio del abrazo de mis recuerdos, regreso a la realidad, en ese paso brutal, un vacío me invade, y es la soledad, prójima, íntima, quien me sumerge en esa companía desoladora, como una serpiente mordiéndose la cola... como esa paradoja que es la realidad.
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